Portada>Textos>Hablando con el F.L.A.>Pagina 2>Una vida infernal [rachel weiss]

Acciones
Textos (Direct Action)
Galeria de Fotos
Varios - Recursos
Carteles -
Octavillas -
Pegatinas -
 
Enlaces
Contacta
 
UNA VIDA INFERNAL
(Rachel Weiss)

Si alguna de nosotras necesita que le recuerden porqué nos unimos al movimiento, el homenaje de Rachel Weiss a una de las incontables victimas de la vivisección debería ser suficiente para refrescar la memoria.

El chimpancé Jerom debería cumplir veinte años este mes. Haber vivido la vida de sus antecesores, debería haber morado los bosques fluviales, haber hecho decisiones razonadas basándose en sus conocimientos sobre donde pasar el tiempo en la cima de una higuera contemplando la sabana, persi-guiendo monos de cola rojo por las alturas, siguiendo a un amigo hasta adentrarse por la maleza. Debería haberse desarrollado hasta convertirse en un orgulloso y apuesto individuo, con sus 130 huesos en su esqueleto, su pelo azabache y su cara oscura que le dan una misteriosa mirada. Debería haber poblado un bosque al finalizar la primavera, asegurando el futuro del chimpancé salvaje.

Jerom nunca pudo vivir esta vida –fue criado para los humanos, para que podamos seguir persiguiendo nuestra inalcanzable meta de vivir sin tener enfermedades. Además de ser inteligentes y frecuentemente con opiniones plenas. Estos individuos no son consultados antes de que sus vidas les sean robadas para usos de experimentación biomédica.

Jerom vivió hasta casi llegar a cumplir los catorce años en el Yerkes Regional Primate Research Center (centro de experimentación primatológica de la región de Yerkes), un laboratorio fundado en Atlanta, Georgia. Fue separado de su madre cuando era una cría, ya sintiéndose huérfano fue infectado con el V.I.H. cuando tenía dos años. Cuando lo conocí once años después estaba solo y moribundo. En lugar de ser un individuo orgulloso, no se podía mantener erguido y flaco, su pelo deslustrado, su piel pálida, sus ojos hundidos que indicaban miedo y fiebre. Desconfiaba de las humanas, inseguro de si mismo, y frustrado por su desgraciada vida. Sufrió prácticamente de todas las formas que un chimpancé enjaulado puede sufrir, y después murió. Para la gente que lo creó, el único valor que tenía eran los datos que extrajeron de su san

gre. Para mí todo lo relacionado con Jerom tenía valor.
Si Jerom estuviese vivo, es muy posible que siguiese viviendo solo, al contrario que otros chimpancés nunca mas podría tocar a nadie. Si tuviese veinte años, habría pasado los últimos 18 años encerrado, sin siquiera haber podido sentir una vez una fría brisa o unos calientes rayos de sol en su cara. Durante 18 años hubiese pasado todos y cada uno de los días en una jaula húmeda y estrecha, el único entretenimiento que se le proporcionaba periódicamente por algún humano era un juguete de plástico, una caja de cartón o algún trozo de pe-riódico, o puede que dibujos animados por televisión. Hubiese pasado los últimos 18 años de su vida comiendo solo lo que los humanos decidiesen que debía comer y cuando ellos quisiesen –sin importar lo que él realmente quería o le gustase, sin importar cuándo tenía hambre.

Jerom murió hace ocho años, el trece de febrero, y ya no tiene que hacer frente mas tiempo a esos tratos –condiciones que según las creadoras de leyes y experimentadores son humanas, y aceptadas por el Animal Welfare Act (Ley de Protección Animal) pero muchas de las que hemos estado ahí sabemos que son bárbaras y crueles. Jerom debió de tener
suerte – diez de sus compañeros victimas de experimentación siguen padeciendo hoy en día viviendo esta tortura en Yerkes. Dos de ellos –Buster y Nathan- están enjaulados solos como también estaba Jerom, y así llevan varios años. Durante años. Imaginároslo –cientos y cientos de días sin el contacto con nadie que no sea a través de un humano forrado con latex o tyvek, y eso cada mucho tiempo, cuando al humano le entra el antojo. Los otros ocho viven en parejas y tríos, pero sufren las mismas condiciones de confinamiento y falta de respeto.
Búster y Nate son un poco mas viejos de lo que ahora Jerom sería. Las razones de su aislamiento social son desconocidas. Como tampoco se ha visto que hayan desarrollado síntomas clínicos de SIDA, se supone que no están aislados por razones de salud. Puede que el inconveniente que tenga Yerkes para satisfacer sus necesidades sociales es que son incapaces de implorar.

Cuento esta historia para remover vuestros corazones. Si estas leyendo esto porque formas parte de la lucha por la autonomía de los estudios de investigación biomédica, continua luchando –ellos te siguen necesitando.

En los casi 20 años que se han usado chimpancés con fines de investigación biomédica para prevenir el V.I.H. y vacunas, no han creado ninguna vacuna o medicina ningún avance de los resultados de los estudios realizados con los chimpancés. Con la única posible excepción de Jerom, los chimpancés no desarrollan el del SIDA; el virus actúa de modo muy distinto en el sistema inmunológico de los chimpancés que en el del ser humano. Si no eres capaz de preocuparte por los chimpancés, considera el dinero perdido en ellos –dinero que se podría haber invertido en ayudas para los humanos. Millones de dólares se gastan en su mantenimiento, sin mencionar los gastados en la investigación, y el tiempo y la energía perdida.

No creáis que soy el único que dice esto. Grupos de doctores de todo el mundo se han unido para protestar, no por las condiciones inhumanas de la vida en el laboratorio, sino por el fraude científico que reside en las premisas sobre las que se fundamenta la investigación biomédica. No solo el trabajo con chimpancés, también estudios con decenas de miles de monos, perros, conejos y otros animales no humanos. Los avances tecnológicos combinados con estudios epidemiológicos y clínicos en humanos han demostrado que se producen muchos mejores resultados y mas aplicables a humanos.

Ten en cuenta los argumentos médicos y económicos, y añádeles las dimensiones éticas al asunto. 200 chimpancés infectados del SIDA languidecen enjaulados –algunas grandes y otras pequeñas, todas son artificiales y restringen- por los EE.UU. Cerca de otros 1500 chimpancés más usados para estudiar la gota, hepatitis, la malaria, la reproducción, y otros asuntos humanos, y algunos que todavía no se han empezado a investigar, puede que tengan un poco mas de espacio y posiblemente una oportunidad de sentir el aire fresco, pero vivirán igualmente vidas alienadas en laboratorios, aquí y en todo el mundo. Todas ellas tienen un rostro, un nombre y una personalidad propia. Todas ellas han estado esclavizadas por el mero hecho de que los humanos decidieron que esta injusticia era justa.

La ley de CHIMP (Chimpanzee Health Improvement, Maintence and Protectión- protección, mantenimiento y fomento de la salud de los chimpancés) que fue establecida el año pasado para crear alternativas a los habitáculos de laboratorio, muchas mejorarán las vidas de algunos de estos individuos en los próximos años al sacarlos de los laboratorios y dejarlos en zonas amplias con muchos compañeros con los que formar grupos sociales. Pero la ley CHIMP no es suficiente –Si queremos remediar los errores, la investigación con chimpancés debe desaparecer, y su reproducción debe interrumpirse. Las recientes muertes de los chimpancés de Pablo y Annie, amadas residentes de la Fauna Foundation (fundación fauna), el único santuario de chimpancés cana-diense, dejaron patente que no es suficiente con sacarlos de las jaulas. Pablo y Annie no eran ancianos, y el estar cuatro años recibiendo amor incondicionalmente en el santuario no pudieron competir con las décadas que padecieron la experimentación. Lo más sorprendente de las autopsias era la gran adhesión que unían sus órganos, lo cual se debía a los contínuas inyecciones aplicadas durante años, el método preferido de sedación de los laboratorios para tranquilizar chimpancés. Ninguna cantidad posible de amor, espacio o capacidad de elegir por si mismo podría haber evitado ese trauma.

Darles a los chimpancés de laboratorio jaulas más grandes con acceso a zonas abiertas, a grupos sociales, a capacidad de elegir la comida, y alternativas a las inyecciones es un paso, pero no es suficiente y tampoco lo que ellos desean. Ellos desean respeto –ellos desean no vivir al servicio de los humanos. Una cosa que nunca podrán tener en cautividad es libertad completa de elección, que es lo que define la verdadera libertad de las personas, y son personas –no humanas, pero personas – Y no sólo les estamos haciendo a ellos un flaco favor sino también a nosotros al tratar a estas personas como si hubiesen nacido para estar a nuestro servicio, y no para vivir sus vidas llenas de dignidad para las que están preparadas. Sus vidas, aunque la investigación las reclame, no pertenecen a nadie excepto a ellas, y lo que necesitan mas que nada es ser tratadas en concordancia.

La investigación se ha apropiado de muchas vidas este año, y todas ellas en una edad mucho menor de su expectativa de vida:

Manual: recluido en Yerkes, VIH +, durante algunos momentos pudo compartir su amistad con Jerom, murió por causas desconocidas el 17 de Abril del 2001 con 22 años.

Sonia: recluida en Yerkes, murió por fallo orgánico en una diminuta jaula y sin su familia el 5 de Junio del 2001 con 42 años.

Giba: recluida en Coulston Foundation (laboratorio de Nuevo Méjico), murió por la exposición al sol y a las altas temperaturas cuando estaba encerrada en un recinto exterior el 5 de Junio del 2001 con 12 años.

Sellers: Recluido en Yerkes, murió por estrangulamiento en un accidente mientras se llevaba a cabo una investigación sobre la gota, estaba solo en una pequeña jaula y sin supervisión. Tenía 18 años y ocurrió el 11 de Junio del 2001.

Pablo: residente de la Fauna Foundation, murió por cicatrices internas y todo lo relacionado con una mala salud el 6 de Octubre del 2001 con 31 años.

Annie: residenta y matriarca de la Fauna Foundation, murió por gangrena intestinal y todo lo relacionado con una mala salud el 29 de Enero del 2002 con 28 años.

Estos tan solo son los individuos con amigos humanos que se preocuparon lo suficiente como para contar sus historias. Sin duda hay muchas otras. En memoria de todos ellos, y con dolor por las dos crías que fueron arrebatadas de sus madres en el Coulston Foundation para vendérselas a las industrias de entretenimiento para que podamos reírnos cuando vemos los anuncios de televisión, y en nombre de los chimpancés que continúan en el Proyecto SIDA de Yerkes – Búster, Nathan, Arctica, Joye, Betsie, Jonah, Marc, Roberta, Tika y Hallie – os pido que las recordeis y recuerdes a Jerom.


Por favor escribid al director de Yerkes, Stuart Zola:

954 Gatewwood Road
Atlanta, GA 30322
404,727.7844

Dile que te importan, y que te gustaría que diese una explicación del tratamiento de estos individuos.

 
Acción Vegana no se hace responsable de las opiniones vertidas
por l@s autores/as de los artículos aquí publicados