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Keith Mann: Un auténtico guerrero, Entrevista
de Bite Back
[extraido
de la revista Sombras y Cizalllas nº 7>>]
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Bite Back: Eres
uno de los activistas del ALF más conocidos.
Fuiste encarcelado por incendiar un camión cárnico
e intentar quemar otros diez. Además se pensó
que fue fuiste el líder de una ola de acciones
(casi 700 en 1991) que golpeó Manchester. Después
de haber pasa-do siete años en la cárcel,
¿sigues orgulloso de tus acciones y sigues manteniendo
tus ideas?
Keith Mann:
¡OH si, estoy orgulloso! Orgulloso de formar parte
de esta lucha épica por la liberación
animal. Ser encarcelado fue solo una consecuencia, algo
más molesto que vergonzoso, y desgraciadamente
inevitable.
Esa dura sentencia fortaleció mi determinación.
Supongo que ser apartado de mi agitada vida de activista
durante tanto tiempo me produjo una gran recarga. Cualquier
duda que podía tener sobre que la acción
directa es lo que hay que hacer, se esfumó con
la condena de 14 años que me dieron como respuesta.
BB:
¿Cuáles
fueron los motivos que te llevaron a usar el incendio
como método de lucha? ¿Qué deliberaciones
y preparaciones hiciste?
KM:
Quiero que conste que yo fui encarcelado por un solo
cargo de incendio (incendio frustrado), así que
en términos legales, ¡nunca he quema-do
nada y nunca he reconocido haberlo hecho! Así
que, hablando en general, hay unos cuantos motivos para
escoger el incendio como método.
Los trucos pequeños de sabotaje (por ejemplo
dañar el motor de los vehículos, puede
ser caro y molesto), después de todo, no son
suficientes. ¿Es suficiente mensaje para una
universidad o un matadero romperles los cristales, contaminar
sus depósitos de gasolina y pincharles las ruedas?
Yo creo que no. Dañar la explotación animal
es un comienzo, pero acabar con ella es nuestro objetivo.
Si atraer la atención forma parte de las intenciones
de una acción y en gran parte lo que consigue
el ALF es atraer la atención sobre la explotación
animal y quienes la practican, entonces, ¡Qué
mejor forma de hacerlo que con fuego!
El ataque por el que me encarcelaron iba dirigido a
una flota de diez camiones para transportar huevos pertenecientes
a los granjeros Stonegate, que dirigían esas
infernales granjas de huevos. Estábamos bajo
vigilancia, igual que numerosos posibles objetivos,
tras una oleada de acciones de este tipo, y la policía
nos tendió una emboscada. Nuestras intenciones
eran claras: primero, hacer la mayor destrucción
posible y, segundo, no ser cogidos. ¡Fallamos!
Teníamos diez artefactos, uno para cada cabina,
pero antes de poder encenderlos apareció la policía
y se produjo una persecución policial de coches.
BB:
¿Cómo
aprendisteis a hacer artefactos incendiarios?
KM:
Aprendí el principio y experimenté con
las distintas opciones. En nuestra sociedad se ven los
artefactos incendiaros como si fuese algo para especialistas,
algo que hay que aprender en clase de química;
pero no es así, es algo realmente sencillo. Enseñar
los unos a los otros el .cómo se hace. o esos
manuales que aparecen en tu casa ha sido indispensable
para mantener la llama encendida. Al fin y al cabo,
saber es poder.
BB:
Tienes
el honor de ser uno de los pocos activistas por la liberación
animal que han escapado de la custodia policial, mientras
estabas preso por nada menos que cargos relacionados
con incendio. ¿Podrías recordar esa aventura
y cómo finalizó?
KM:
Desde el primer momento en que me arrestaron estaba
decidido a intentar escapar a la mínima oportunidad.
Todas las personas que entran encuentran una vía
de escape, aunque no todas sean físicas. Creo
que el objetivo de todo el mundo es liberarse de esa
cautividad, de la manera que sea. En mi caso, la liberación
iba a ser física en lugar de a través
de la lectura, la educación o la meditación,
que son las vías que escogen otras personas.
No les critico para nada, pero yo soy una persona más
inquieta y necesito estar físicamente activo
para calmar mis nervios.
Durante algunos meses estuve pensando en el modo de
escapar y estuve dolorosamente cerca en varias ocasiones,
una en la que había un túnel de por medio,
y otra en la que había un oculista (lee el libro).
Pero costó dos años llevarlo a cabo y
obtener el golpe de suerte que necesitaba. Había
pasado muchos meses entrando y saliendo de cárceles
y siendo encarcelado en comisarías debido a la
falta de espacio. Una mañana la policía
vino a buscarme a la cárcel para llevarme a una
comisaría donde interrogarme sobre algo de lo
que me querían acusar. Bueno, ¡eso fue
un error!
Las cárceles están diseñadas para
largos periodos de detención de muchos presos
a la vez, las comisarías no; y por tanto, las
medidas de seguridad son menos estrictas. La suerte
me llevó a pasar el día en ese lugar y
por la noche me vendrían a buscar para llevarme
a la mañana siguiente a otro sitio temporal hasta
el juicio. Mi escolta, de dos hombres, y yo íbamos
a entrar en la furgoneta de la prisión para atravesar
la ciudad. Pero si los policías vagos me hubiesen
puesto las esposas para los pocos pasos que había
del edificio seguro a la furgoneta segura, o si hubiese
habido techo en el patio, yo no me hubiese soltado,
corrido a través del patio y saltado el muro
para volver así a algo parecido a una vida normal.
Escapé a pie y me escondí de la partida
de búsqueda hasta el anochecer, y después
recorrí el camino hasta una casa en la que me
atendieron. Al día siguiente me llevaron junto
con una amiga que también estaba en búsqueda
y captura. Estuvimos los diez meses siguientes haciendo
nuestras cosas hasta que una mañana la policía
siguió nuestro rastro hasta un refugio de animales
en la costa Sur. Una vez más el dispositivo que
habían planeado no fue suficiente, y Keith aprovechó
una oportunidad para huir, para ser atrapado más
tarde en el bosque ¡por un perro policía!
Aquellos diez meses fueron geniales.
BB:
Tu caso y la sentencia fue una desagradable muestra
de la injusticia de la justicia. El juez era un cazador
y criador de ovejas. Sus amigos influyeron notablemente
en tu sentencia, fuiste trasladado innumerables veces
antes del juicio y los pequeños detalles, como
hacerte llevar ropas ridículas durante el juicio,
parecían ser la norma. ¿Cómo afrontaste
estas trabas políticas y personales? ¿Te
han enseñado a cómo tratar a las autoridades?
KM:
Nunca fui maltratado físicamente en la cárcel,
pero las estupideces que hicieron me proporcionaron
continuas luchas y enfrentamientos. De algún
modo, me proporcionaron algo contra lo que luchar y
así mantenerme activo. Yo no me quería
molestarme en con-seguir margarina, pasta de dientes,
que me permitan hacer deporte, lectura o lo que sea.
Pero si se me castigaba equivocadamente por el menor
de los delitos, les haría responder. No les gusta
que los internos se quejen de todos los asuntos, así
que te exigen que hagas primero una solicitud oficial
y luego una queja. Muchos internos no conocen la vía
de hacerlo o no les apetece llevar a cabo todo el proceso
con las autoridades carcelarias, pero yo disfrutaba
con el desafío, y a las autoridades no les gustaba
el trabajo, así que me incitaba a mí mismo
a resolver todos mis problemas de esta forma. Era una
distracción, una gran pérdida de papel
y de tiempo, pero a mí me sobraba y consiguió
proporcionarme comida vegana.
BB:
¿Podrías
hablarnos de los primeros momentos en los que empezaste
a cumplir esa sentencia de 14 años?
KM:
No, en realidad no. El modo en que sucedieron las cosas
me dio tiempo a prepararme de forma que el golpe fue
amortiguado y en el momento que recibí la sentencia
ya había cumplido casi tres años, así
que después de todo no fue tan horrible.
Fui arrestado en 1991 y puesto en prisión preventiva
hasta el juicio. Sabía que si era arrestado por
incendio podía ser condenado a cadena perpetua,
así que me preparé para lo peor. Ser arrestado
aquella noche era lo peor que me podía haber
pasado, pero estaba mentalmente preparado.
Me pasé dos años en prisión preventiva
en espera de un juicio en el que se me acusaba de innumerables
conspiraciones y otros delitos. Era un juicio en el
que la policía quería destruir al ALF
y tenernos encerrados durante años.
Me ayudó muchísimo recibir tanto apoyo
del exterior, y también me ayudó muchísimo
ser capaz de escapar y retrasar lo inevitable. Ser arrestado
un año más tarde me perjudicó,
pero no, yo no había hecho grandes esfuerzos
en evitar-lo ya que volvía a estar activo en
los asuntos que me habían metido en problemas.
Cuando recibí la sentencia unos meses más
tarde ya había pasado tres años de cárcel.
Fue una sentencia despiadada pero aun así no
fue tan traumática como cualquier experiencia
que he tenido de los mataderos, y tuvo muchos menos
efectos sobre mí.
BB:
¿Puedes
describirnos eso primeros momentos de libertad después
de casi siete años de cárcel?
KM: ¡Oh,
si! Me sentí liberado. Sabía que esto
era lo mejor para otros y yo había proporcionado
esta liberación muchas veces, pero nunca la había
experimentado yo mismo. No hay nada comparable a la
libertad, es algo que no apreciamos como es debido,
algo que todos los animales deberían disfrutar.
El simple hecho de caminar bajo la lluvia era fantástico.
Me dieron sólo cuatro días para poner
mis cosas en orden y prepararme para la puesta en libertad
después de siete años, pero otra vez gracias
al apoyo que recibí no fue un asunto difícil.
BB: Si
podemos sacar algo positivo de tu absurda y cruel sentencia
es que el Grupo de Apoyo a Presos Veganos (VPSG) nació
a raíz de ella. ¿Puedes comentarnos las
condiciones que influyeron en su formación, cómo
te ayudó y en qué consiste actualmente?
KM: Solamente se necesitaba
que hubiese alguien en el lugar y en el momento adecuado,
y Jo Ann Brown lo estaba. Una amiga preocupada por nuestro
bienestar pronto se dio cuenta de que había que
hacer cambios en los métodos de ayudar a los
veganos presos. Nuestras infinitas quejas en el interior
le llevaron a empezar una campaña en el exterior
para ayudar a mi co-acusada y a mí. El trabajo
ya había comenzado, y al cabo del tiempo se creó
el VPSG, que trabaja sin descanso para todos los veganos
presos. Sin ese apoyo hubiese sido imposible recibir
una alimentación adecuada y tener acceso a artículos
de baño. Cada cosa que hacemos tiene sus consecuencias
y el VPSG es una de ellas.
BB: El
grupo Justicia para Keith Mann te convirtió en
una celebridad en el movimiento. Esto te proporcionó
una especie de escenario desde el que influir a quienes
te apoyaban. ¿Cómo es ser un activista
político conocido y qué obligaciones representa?
KM: Nunca quise ser el
centro de toda esa atención, ni ser arrestado
e interroga-do a la mínima oportunidad, más
que nada porque los activistas del ALF más efectivos
son desconocidos para la policía, y las campañas
más efectivas las lleva a cabo el ALF. Yo quería
formar parte de ello hasta el día de mi muerte,
en lugar de eso tengo que hablar sobre ello. No es exactamente
lo mismo, pero es suficiente para meterme en problemas,
¡como de costumbre!
En ese aspecto es cierto que me he sentido obligado
a ser el portavoz del ALF, algo que nunca hubiese hecho
si hubiese tenido la oportunidad, pero es un trabajo
muy importante que he aprendido a disfrutar. Incluso
cuando se ataca lo bueno y lo malo de una atrocidad
del ALF yo me limito a explicar los motivos que llevan
a una persona a tomar estas medidas, algo que todos
nosotros sabemos.
Independientemente de lo que hagamos sucederán
muchos crímenes peores diariamente, y esto no
debemos olvidarlo ni permitir que otros lo hagan. Me
duele escuchar a gente buena cuando son presionados
por periodistas para disculparse públicamente
de algo y condenar a otros activistas. Esto nunca debería
ocurrir. En privado se habla de tácticas, en
público se habla de explotación animal.
BB: En 1998
comentaste a un periódico londinense: Somos capaces
de enfrentarnos a cualquiera. Nadie ha muerto todavía
pero ese momento llegará. ¿Sigues pensando
así? Y, ¿puedes comentarnos en qué
contexto hiciste estas declaraciones?
KM: No recuerdo haber dicho
esto, fue hace bastante tiempo, pero me siento muy a
gusto repitiéndolo. Los medios han citado esas
declaraciones repetidas veces, ya que pretenden presentarme
como un violento asesino que pretende matar. Jerry Vlasak
se ha encontrado aquí con algo parecido hace
poco, en un intento de desprestigiar el resto de sus
palabras. Como no pueden aportar nada más, tienen
que aferrarse a algo. Me sentía mal entonces
y lo sigo haciendo cuando arrinconan al movimiento,
pero que cambien las posiciones y que la gente empiece
a matar explotadores de animales en nombre de la liberación
animal sólo es cuestión de tiempo. Resulta
un avance lógico, y sugerir otra cosa no sería
honrado.
Puede que nunca suceda y, por supuesto, sería
mejor si no fuese necesario. Durante mucho tiempo este
desinteresado, compasivo y amplio movimiento se ha contenido
mucho a la hora de enfrentarse a la violencia y a la
crueldad extrema.
BB: Fuiste
amigo de Barry Horne y seguisteis un camino parecido.
Cuando murió comentaste: .Él pensaba que
la falta de rabia y de con-fianza en uno mismo dentro
del movimiento por la liberación animal, estaba
garantizando literalmente que continuaste la vivisección
indefinidamente. Y tenía razón. ¿Crees
que el desinteresado coraje de Barry y su último
sacrificio ayudaron a cambiar esto? ¿Tiene más
confianza y más rabia el movimiento desde la
afirmación de Barry?
KM: Lo
pienso totalmente. Sigo escuchando a gente decir que
la muerte de Barry fue inútil y eso me duele.
Barry hizo lo que hizo porque deseaba más que
nada acabar con la explotación animal. Muchos
de nosotros afirmamos lo mismo, ¿pero cuantos
convertimos en hecho nuestras palabras? Fue el esfuerzo
de Barry lo que reavivó la campaña contra
la vivisección en la que estamos ahora. Si él
siguiese en la cárcel, todos los lugares que
estamos cerrando ahora podrían estar creciendo.
Dicho esto, creo que Barry se sentiría tan decepcionado
ante la escasa respuesta a su muerte igual que se sentía
ante la res-puesta hacia la explotación animal.
Si sus esfuerzos han sido en vano y su muerte ha sido
inútil, es culpa de quienes queremos acabar con
la explotación animal. Barry hizo su parte.
BB: En los
últimos años has participado en grandes
esfuerzos contra la vivisección. Las campañas
Shamrock Farm y Regal Rabbit fue-ron dos victorias históricas
para los animales de laboratorio. ¿Cuál
fue la receta que llevaron estos esfuerzos al éxito?
KM: La persistencia y la
confianza en nosotros mismos es lo que pondrá
fin a la explotación animal. Pero, incluso con
esto, es necesario que además exista el ALF.
Fueron los ataques del ALF los que acabaron cerrando
estos lugares. Fueron estos ataques y el miedo a que
se produjesen más lo que cerró Regal,
Shamrok y otras más. Creo que el estar determina-dos
a hacer su vida tan incómoda como la de los animales
que tienen enjaulados es tan importante como nuestra
intención de cerrar esos lugares.
Por ejemplo, en Newchurch, pueden llevar cinco años
de campaña y la granja continúa operativa,
pero el resto de su imperio se está derrumbando.
Mientras los desafíos aumentan y las tácticas
imaginativas aumentan, la presión consigue hacer
de su vida un trauma continuo y consigue también
mostrar lo que les espera a otras personas que piensen
que pueden resistir la presión. Es tan sencillo,
¿o soy yo?
BB: ¿Cuál
es tu acción del ALF favorita de todos los tiempos?
KM: ¡OH, me he quedado
sin habla! Puede que también me preguntes mi
comida favorita. Hay tantas. Supongo que las que tienen
la facultad de hacerte sentir bien y difundir el mensaje,
como la acción de la Universidad de Iowa, donde
después de liberar a los animales se han causado
grandes daños y se han mostrado los daños.
No prestamos demasiada atención a las langostas
y cuando se les presta atención me alegro muchísimo.
Una vez que se les ha liberado de una trampa se acuerdan
y nunca vuelven a caer, y pueden vivir 100 años.
¡Qué gran regalo es para ellas! Fue muy
satisfactorio ver un video en el que se liberaban langostas
y luego se rompían las trampas. Una acción
sencilla, pero efectiva. Eso me gusta. Otra acción
hecha en 1985 (operación Greystoke) me impresionó
e inspiró. La llevaron a cabo activistas franceses
contra la vivisección y, ¡rescataron a
diecisiete babuinos de un laboratorio! Ha habido muy
pocas liberaciones de primates como esa (excepto en
Brasil, donde se liberaron muchos más en una
acción). En Inglaterra, durante todos estos años,
el ALF sólo ha rescatado a uno de la vivisección,
a pesar de que hemos impactado mucho en su importación
y cría. Pero el pasado es historia fuera de nuestro
control. El futuro, se mire como se mire, ¡es
nuestro!
Keith esta en la cárcel
actualmente. Le habían condenado a 230 horas
de servicios comunitarios por rescatar 700 ratones de
los laboratorios Wickham en diciembre del 2003. Al salir
del juzgado amenazó al director de los laboratorios
y fue condenado a 6 meses de cárcel.
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