Dentro del movimiento de liberación animal en
España algunxs compañerxs creen que las
acciones del ALF son inútiles completamente.
No por ser inmorales sino porque se dirigen (supuestamente)
solo a atacar la oferta. Según ellos solo acabar
con la demanda puede acabar con la explotación
animal, porque “mientras un producto se demande
alguien querrá ganar dinero ofreciéndolo”.
El objetivo que busco escribiendo este artículo
es demostrar, que el ALF salva vidas de muchas maneras.
No voy a poner a quienes practican la acción
directa ilegal por encima de quienes nos dedicamos a
la difusión legal. Desde mi punto de vista las
dos cosas son igual de necesarias y la compenetración
y unión de todos los sectores del movimiento
es imprescindible para la victoria.
Uno de los argumentos del ALF es que sus actos de sabotaje
hacia quienes ofrecen el producto aumentan los costes
de dicho producto. El aumento de los precios implica
que haya menos clientes dispuestos a pagar, a pesar
de que su concienciación por el respeto hacia
los animales no haya cambiado. Si se ataca a la oferta,
aumenta el precio. Si aumenta el precio, disminuyen
los clientes. Si disminuyen los clientes, disminuye
la explotación animal. Por eso afirmo que cualquier
pérdida económica de los explotadores
se traduce en un beneficio en las vidas de sus víctimas.
Los animales.
Como en todo, hay objetivos en los que puede ser mucho
mas efectiva esta táctica que en otros. Por ejemplo
la industria cárnica está tan extendida
que puede ser difícil conseguir un aumento de
precios generalizado, y quizás en este caso sea
mas útil destinar las energías a concienciar
al consumidor. No lo se, aunque seguramente la combinación
de ambos métodos sea lo mejor.
Estas compañerxs que dudan de la utilidad del
ALF dicen que cerrando un laboratorio lo único
que consigues es que se abra otro. Los experimentos
se seguirían haciendo pero en sitios distintos.
Discrepo completamente. Lxs propixs vivisectores creen
que el 95 º/ de sus experimentos no sirven para
nada. Casi todos ellos han sido realizados ya antes
en otros laboratorios y en revistas especializadas pueden
encontrar el resultado antes de empezar el experimento.
Solo son artimañas burocráticas con el
único fin de justificar el sueldo del/la vivisector/a.
Es cierto que si cierras un laboratorio, un porcentaje
de los experimentos se harán en otro laboratorio.
Se harán aquellos que lxs vivisectores/as piensen
que pueden aportar algo, pero la mayoría de ellos
no.
Pondré un hipotético ejemplo en el que
la acción directa ilegal podría salvar
vidas y evitar un gran sufrimiento. En una universidad
privada de Madrid lxs estudiantes de farmacia hacen
una práctica con ratas todos los años.
Durante un mes le dan sustancias tóxicas y transcurrido
ese tiempo le cortan el rabo desde la base. Lo analizan
y buscan en él las sustancias tóxicas
antes administradas. La práctica, por supuesto,
es absolutamente prescindible. De hecho solo se hace
en esa universidad.
Para acabar con este asesinato anual de animales hay
dos soluciones. Podemos dirigirnos a la demanda, convencer
a los estudiantes de que no somos quienes para acabar
con la vida de un animal en nombre de la ciencia...
Intentar año tras año que el máximo
número de ellxs se niegue a hacer esa práctica,
hasta que el profesor se vea obligado a cambiarla por
otra.
Otra opción mas rápida, pero mas arriesgada,
sería destruir completamente el coche del profesor.
Al día siguiente llamarle para explicarle el
motivo de la acción y advertirle de que lo siguiente
será su casa. El profesor, consciente de que
esa práctica se puede sustituir por otra, la
suprimirá para siempre del programa.
Durante los años 80 las tiendas de pieles en
Inglaterra disminuyeron enormemente hasta el punto de
que hoy apenas existen las que ofrecen pequeños
pellejos de pieles en alguna prenda. No pongo en duda
que muchas de ellas cerraron porque la concienciación
social hizo que disminuyera el número de clientes.
Pero también estoy segura de que los devastadores
ataques realizados por el ALF también jugaron
un papel importante. Se hizo frecuente que lxs activistas
clandestinxs entrasen a la peletería como un
cliente mas y escondiesen dentro del local un diminuto
artefacto incendiario que se activaba por la noche.
A pesar de saber que el negocio iba a tener clientes,
poca gente se aventuraría a abrir una peletería
en un país en el que, con toda seguridad, iba
a ser atacada de una forma u otra. Por eso, aunque no
toda la población inglesa está concienciada
con el tema de las pieles, es difícil encontrar
a alguien que ofrezca el producto.
De la misma manera se acabó en ese país
con los delfinarios. La clientela de estos lugares es
casi totalmente turistica. No es que se haya convencido
a todxs lxs turistas que viajan a Inglaterra. Se ha
convencido a una parte de ellxs y además se ha
conseguido que ese negocio ya no sea rentable.
Quienes cuestionan la utilidad de la acción
directa ilegal suelen decir que estos actos nunca van
dirigidos a convencer al público. Se olvidan
de que muchas de las fotos y vídeos de crueldad
hacia los animales con los que tratamos de atraer la
atención del público solo podrían
haberse conseguido ilegalmente. De hecho, en Estados
Unidos ha habido células del ALF que se dedicaban
exclusivamente a recoger estas imágenes para
que la sociedad pudiese saber que se escondía
detrás de las paredes de las granjas, los laboratorios,
los circos, los zoos...
Las acciones del ALF son también una forma mas
de conseguir salir en los medios de comunicación
para que la gente se pueda plantear si quiere formar
parte de la solución o parte del problema. Algunas
liberaciones realizadas por el ALF han tenido un papel
divulgativo tan importante como los de quienes nos dedicamos
a la difusión. La liberación del mono
Britches y el robo de unas cintas de video que mostraban
a vivisectores rompiendo el cráneo a martillazos
de unos monos en un laboratorio de una universidad de
EE UU (creo que la universidad de Pensilvania, en 1984)
consiguieron que se suspendiesen los fondos para esos
experimentos. Aunque por supuesto fue necesaria la colaboración
de un grupo legal por la liberación animal, que
se encargó de difundir las imágenes.
Por último el ALF también puede atacar
al consumidor directamente “convenciéndole”
a su manera. Si alguien se entera de que el vecino va
a ir a cazar al día siguiente y le pincha las
ruedas del coche, impidiendo que salga a cazar, habrá
salvado las vidas de todos los animales que esx mercenarix
iba a matar ese día.
Ahí donde estéis. Un abrazo a todxs lxs
que luchan por la liberación animal.
Claudia
|