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marcar la guardia
Una mirada reflexiva a lo que se nos viene encima
Cuando uno se mete de lleno en un combate
cuerpo a cuerpo, golpeando al adversario tratando de
acabar con él, no puede ser tan ingenuo como
para pensar que éste no va a responder de la
misma forma. Por muy contundente y eficaz que pueda
ser el ataque de uno, la capacidad de protegerse esquivando,
bloqueando o utilizando los golpes del contrario en
beneficio propio es un requisito imprescindible para
quien no quiere verse abocado a una derrota prematura
o incluso estúpida.
La lucha contra la explotación,
en concreto contra la explotación animal, es
nuestro combate. La economía que la produce y
el Estado que la defiende son nuestros oponentes. Y
nosotros, los revolucionarios, somos los que nos solemos
llevar las ostias. Por eso y por que no podemos ‘esquivar’
los golpes represivos a nivel colectivo sin renunciar
a nuestros planteamientos, proponemos aquí unas
medidas más o menos prácticas encaradas
a amortiguar lo máximo posible un futuro (y más
que seguro) golpe represivo contra la lucha de liberación
animal, atendiendo a las especificaciones que la distinguen
de otros frentes abiertos en la guerra contra el Capital.
Algunos cuestionaran el sentido de
hablar sobre represión a estas alturas, tan temprano,
¿pero alguien cree que el Estado va a permitir
que un grupo de gente vaya por ahí reventando
cristaleras de empresas importantes una semana si otra
semana también, causando daños por valor
de millones de euros en la industria peletera nacional,
y lanzando cócteles molotov contra hogares de
directivos de multinacionales? No sólo la experiencia
y la lógica nos responden. Activistas ingleses
han sido interrogados sobre el “movimiento”
de liberación animal en el estado español,
el colectivo Acción Vegana ha visto este año
como la atención de la policía hacia su
pagina web aumentaba considerablemente y en diferentes
puntos del estado se han realizado reuniones entre gobiernos
y cuerpos policiales tratando el tema como prioritario
dentro de los movimientos sociales, junto a la lucha
contra las prisiones y al ‘movimiento’ anarquista
en general.
Ha llegado la hora de prepararse para el palo, anticipándonos
a él y aprovechando al máximo nuestra
posición. Ahí van algunas propuestas,
más o menos concretas, más o menos prácticas.
1. Máxima
seguridad. Generalmente cuando hay detenciones
es porque se han cometido errores. Evitar hablar más
de la cuenta, escapar en lo posible al control, no dejar
rastro de las acciones y en general ser precavido es
la mejor forma de prevenir la represión. Y aun
así no es suficiente. El estado necesita meter
miedo a quien se mueve, de modo que si no tiene indicios
o pruebas para coger a los responsables directos las
fabricará él mismo o prescindirá
de ellas, encarcelando a quien considere oportuno.
2. Hay para
todos. Cuanto más extendida esté
la lucha menos se verá afectada por un golpe
represivo. La cantidad, como la calidad, cuenta. Si
es un pequeño grupo el que lleva a cabo todas
las acciones y éste cae, podremos decir que el
enemigo ha ganado el asalto por KO, Si son diez, cien,
mil grupos los que se reparten las tareas, es prácticamente
imposible que la lucha se detenga.
3. La noche
de los mosquitos. Y si además estos diez,
cien o mil grupos no se conocen entre si y se coordinan
informalmente, la posibilidad de parar la lucha con
detenciones no será prácticamente imposible,
lo será totalmente. Las estructuras formales,
aunque se oculten en la clandestinidad, son reconocidas
muy fácilmente por el Estado por su funcionamiento
y por las relaciones que se establecen entre sus miembros.
Un pequeño golpe en la pieza adecuada y toda
la máquina se verá gravemente afectada.
Es mas seguro funcionar como una nube de mosquitos dispersos,
que envuelven a su víctima en un vuelo aparentemente
ilógico y pican de forma imprevisible, unas veces
aquí y otras allá. Uno puede lanzar un
palmetazo al aire y llevarse a dos o tres por delante,
pero el resto continuará revoloteando, intactos
en su noche de cacería, vengativos.
4. Superar el aislamiento. El Estado sabe muy
bien a quien reprime. Tiene que ser selectivo y cuidadoso.
De lo contrario, si la represión fuese totalmente
arbitraria, la gente podría cabrearse demasiado
y entender ciertas cosas. Para evitarse problemas el
estado selecciona a los colectivos más peligrosos
para el mantenimiento de la paz social y los aísla
del resto de la gente, con propaganda e ideología.
Los deshumaniza, distorsiona su mensaje, los vuelve
monstruos, les coloca la etiqueta con la palabra mágica,
terrorismo, y entonces, cuando ya ninguna persona normal
y corriente podría identificarse con ellos, pasa
a aislarlos físicamente en las cárceles.
Las personas que sean detenidas por acciones de liberación
animal no sólo se verán enfrentados a
este aislamiento global, también tendrán
que hacer frente al silencio de muchos revolucionarios
que no les verán como compañeros y que
por lo tanto pasarán tres pueblos de mostrar
la más mínima solidaridad. Este hecho,
que por razones de espacio no nos detendremos a analizar,
coloca a los represaliados en una posición extremadamente
vulnerable. Superar este aislamiento demostrando que
la lucha contra la explotación animal es parte
de la guerra contra el sistema capitalista, es imprescindible
de cara a dejar claro que estamos todos en el mismo
barco, y que si bien unos tienen unas prioridades y
otros otras, todos estamos en guerra contra la dictadura
de la economía sobre nuestras vidas, la de los
otros animales y la de la Tierra. No importa contra
que eslabón de la cadena golpee una persona,
lo importante es que golpea la cadena, y si le castigan
por ello merece nuestra solidaridad.
Otra historia es como vamos a mostrarnos ante la gente
cuando los medios de comunicación comiencen a
echar la mierda habitual sobre los detenidos y su lucha.
Esta puede ser una ocasión para difundir las
causas de la misma (los media se verán obligados
a cómo mínimo nombrar los objetivos de
los ataques) o para deslegitimarla aún más
a ojos de la sociedad. Todo dependerá del discurso
que se contraponga a sus mentiras y de su capacidad
para llegar a la gente sin caer en victimismos, tópicos
izquierdistas y argumentaciones demócratas.
5. Cajas de
resistencia. Por los motivos antes expuestos,
no podemos confiar en que las organizaciones antirepresivas
actuales apoyen materialmente a los prisioneros sacando
dinero para su defensa legal y su vida en la cárcel.
Y aunque así fuera, en esto toda ayuda es poca.
Por eso proponemos la formación de cajas de resistencia
locales que vayan acumulando dinero poco a poco para
ser utilizado conjuntamente en el momento del golpe
represivo. Si no se disponen de los medios para organizar
conciertos, fiestas y demás, se puede montar
un grupo en el que cada miembro aporte cierta cantidad
al mes. Evidentemente esto es sólo una pequeña
idea, todos sabemos que hay mil formas imaginables de
sacar dinero y desde aquí no nos gustaría
menospreciar el noble arte de la expropiación.
Cada cual según sus posibilidades.
6. Veganismo
en las cárceles. Actualmente es prácticamente
imposible mantenerse sano en una cárcel española
mediante una dieta vegana. La necesidad de mantenerse
fuerte tanto física como psicológicamente
ha empujado a algunxs presxs a renunciar a la dieta
vegana-vegetariana que llevaban en la calle, otros han
tenido más suerte y se les ha permitido consumir
alimentos del exterior acercados por amigos y familiares.
Conseguir que en las cárceles sea posible alimentarse
sin productos de origen animal y a la vez mantenerse
sano no es sólo una necesidad importantísima
para aquellos que puedan ser encarcelados, también
es una exigencia táctica de la lucha, en tanto
que cuanto mejores sean las condiciones de vida en los
talegos menos inconvenientes tendrá la gente
en sumarse a la lucha. Cómo conseguir estas condiciones
es algo que todavía no sabemos con certeza, hoy
sólo podemos decir que es posible (otros estados
con un sistema penitenciario similar las tienen) y que
las necesitamos.
Hasta aquí nuestras reflexiones
sobre cómo afrontar colectivamente la dura realidad
que nos espera. Este texto pretende ser tan solo una
apertura al debate, una especie de aviso a tiempo. Quienes
solo son capaces de ver la parte idílica de la
lucha viven en una ilusión al borde del abismo.
“El ALF es la primera mirada de un animal hacia
el cielo abierto”, “el ALF es esa sensación
de ardor en el pecho cuando te diriges sigilosamente
hacia un laboratorio”, pero el ALF también
es el riesgo a pasar 2, 8, 15 o 30 años encerrado
entre muros, es la sensación de tener los ojos
de tus verdugos clavados en ti todo el tiempo y el peligro
de verte privado de tu familia y tu gente durante mucho
tiempo. Es el peligro incluso de perder la vida en una
celda, solo, a los 20 o a los 30 años. Esto,
como las razones por las que luchamos, no debe ser olvidado
nunca. Lo contrario equivaldría a vivir una mentira.
Y eso es lo realmente peligroso.
Con cariño a todos los
animales que cada mañana despiertan en el infierno
y a toda la gente que a pesar de sus miedos y limitaciones
ha decidido convertirse en su esperanza.
Vegan@s cabread@s
Estado español, 03 de marzo del 2006
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