|
|
A pelo
Matt
Rossell; un norteamericano que sin buscarlo terminó
investigando los centros de explotación animal
nos cuenta su experiencia.
En realidad yo no elegí
acabar haciendo esto, unos amigos míos, muy peludos,
me convencieron sin darme cuenta. Mi extraña
carrera laboral comenzó cuando trabajaba como
guarda de seguridad en el Hospital Boys Town en Omaha,
Nebraska, donde me topé con las víctimas
felinas de Edgard Walsh, quien operaba y mutilaba los
cerebros de gatos de pocos días de vida. Les
escuché llorar a través de una puerta
cerrada con cerrojo. Como guarda de seguridad tenía
todas las llaves.
Me hice amigo del encargado de cuidar a los gatos, y
descubrí lo que se llevaba a cabo. La mayoría
de los gatitos morían durante la operación,
pero aquellos que tenían la mala suerte de sobrevivir
eran enjaulados sin anestesia, llorando y llamando a
sus madres, a veces eran incapaces de caminar o gatear.
Por supuesto no podía quedarme parado. Hice un
par de llamadas, y esto dio lugar a un proyecto serio
de investigación de explotación animal
ayudado por un grupo internacional de derechos para
los animales. Después de una larga campaña,
conseguimos detener esos experimentos con gatos.
Los dos años siguientes trabajé de forma
secreta para los animales, viajando y durmiendo por
todo EE.UU. en mi Toyota-ranchera, me encontré
con unas cuantas situaciones peliagudas. Estuve un mes
montando la tienda del circo Walter Brothers, gravé
la mala salud en la que se encontraban las elefantas
Lota y Liz, que padecían tuberculosis. Participé
en la electrocución anal de 500 indefensos zorros
salvajes en la granja peletera de Dan Aschelman, en
Illinois, para poder grabar un video con cámara
oculta. Estuve un día haciendo que la sangre
no se atascase por el sistema de drenaje de un matadero
de Omaha y he visto el interior de prácticamente
cualquier tipo de granja de factoría que se pueda
imaginar.
Independientemente de cualquier grupo de Liberación
Animal, mi último trabajo fue el de trabajar
como técnico de primates durante más de
dos años intentando mejorar la calidad de vida
de los monos del Centro Nacional de Experimentación
de Primates de Oregon. El grupo In Defense of Animals
(En Defensa de los Animales) me ayudaron a sacar a la
luz todos los documentos y videos cuando decidí
abandonar el laboratorio, actualmente trabajo para ellos
en sus oficinas de Pórtland, Oregon.
Yo
no podría
Lo que más frecuentemente he escuchado por parte
de otros activistas por la Liberación Animal
cuando les cuento mis experiencias es “yo no sería
capaz de hacerlo.” En realidad, lo he escuchado
tantas veces que he estado bastante tiempo pensando
porqué soy tan raro. He trabajado en algunos
de los lugares de explotación animal más
horribles que existen y he elegido participar en cosas
que aborrezco absolutamente.
No
hay superhéroes ni heroínas
¿Entonces qué tengo yo que no tengas tú?
La respuesta es nada. Yo, al igual que tú, tengo
fuertes creencias, sentimientos profundos, me deprimo
y me enfado, y tengo un gran corazón que se estremece
ante la opresión. Traducido: es realmente difícil
para los “animales humanos” el ver como
se abusa de un individuo. Algunos activistas incluso
rechazan ver los videos de estas industrias porque les
afectan demasiado.
Conocer a las víctimas, ya sea en una pantalla
de televisión o en persona, es descorazonador
y duro. De todos modos, mirar a los animales a los ojos,
hacer ese esfuerzo y conectar con ellos me empuja a
ser su voz.
A
pelo
Olvídate de la imagen del agente 007 infiltrándose
misteriosamente en el corazón del enemigo, ligándose
a la guapísima vigilante mientras extrae los
documentos secretos –eso es Hollywood. Trabajar
de forma secreta es desmoralizante, sucio, difícil
y pagan mal, lo que viene a llamarse un trabajo de mierda.
No es que sea un jonky de la adrenalina, pero a lo largo
del tiempo he aprendido a enfrentar situaciones realmente
estresantes y a vigilar lo que me podía venir
por detrás. Los momentos en los que podía
sacar mi cámara de su escondite estaban dispersos
entre interminables horas, días e incluso semanas
de mundano trabajo.
Me encontraba en un pozo sin fondo, pero el haber gravado
en video aquello de lo que he sido testigo durante días
hace que todo haya merecido la pena. La explotación
animal se lleva a cabo fuera de la vista de la gente
y fuera de su conocimiento. Sacar a la luz estas horribles
historias para informar a la gente y en ocasiones detener
el abuso no es algo fácil, pero funciona.
Trucos
No hay ningún sitio donde te preparen o te entrenen.
Todo lo que hace falta es el sentido común, poner
los pies sobre la tierra, cometer errores y aprender
de ellos, y, sobre todo, tener paciencia. Durante las
entrevistas con el encargado o el jefe, y durante los
primeros días de trabajo estaba totalmente histérico,
pero me decía a mí mismo que esta era
una sensación normal. Me repetía continuamente
“tranquilízate”. Todo el mundo se
pone nervioso cuando entra a trabajar en un sitio nuevo.
El ser yo mismo siempre me ha llevado a acabar en sitios
duros. Investigar no es actuar sino más bien
escuchar, ser observador y tomar notas al detalle.
Limitarse
a los hechos
La parte de la documentación es lo que ocurre
después de que la jornada de trabajo ha terminado.
Durante la jornada iba haciendo borradores y pequeñas
notas que me servían de base para las notas detalladas
de casa. Era la parte más aburrida, pero la más
importante. Aprendí a escribir dejando de lado
lo que me hacía sentir. Finalmente me resultó
mucho más sencillo plasmar mis anotaciones en
una grabadora. Todo investigador oculto debe entablar
amistad con un reportero de los juzgados para que le
ayude en las transcripciones. El mío me echó
una buena mano.
Recogiendo
los frutos
Cada situación es distinta y me las apañé
para encontrar formas creativas de conseguir lo que
necesitaba. Lo más importante es saber esperar
a que se presenten las oportunidades y estar preparado
para cuando lleguen.
Las primeras lecciones que aprendí fueron las
de saber sujetar la videocámara sin que se moviese
y contar lentamente hasta 20 antes de moverla. Esos
han sido algunos de los segundos más largos de
mi vida, pero una grabación entrecortada –con
saltos- no sirve de nada. Disponía de una cámara
digital con pantalla que me permitía ver qué
estaba grabando y cómo se vería.
Cuando trabajaba frente a otras personas utilizaba una
cámara oculta entre mi ropa. La tecnología
es cada vez más sofisticada. Ahora estos dispositivos
se diseñan con total garantía, con vibradores
que te avisan de si estás grabando o no o de
si la cámara está estropeada.
Con grabaciones que no estén movidas, aprendí
a grabar una cinta entera si disponía del tiempo
necesario. Es complicado captar grabaciones firmes en
las que animales enjaulados miran a la cámara.
Me sentía afortunado cuando podía extraer
un par de buenas imágenes de cada cinta. La tecnología
digital corriente permite extraer fotos de forma sencilla.
Experimenta, intenta hacer tus propias grabaciones,
y anota quien, cuando y donde haces cada grabación.
Cuando
te descubren
Un día en la granja de zorros, mi compañero
de trabajo, que supuestamente estaba enfermo, apareció
de repente enfrente de mí. Mi corazón
estaba histérico porque yo sabía que él
había visto mi cámara. Aparentemente tranquilo
le dije que mi padre tenía curiosidad por ver
cómo era la granja y que le estaba grabando una
cinta para que la viese. Se lo tragó. Otra lección
que aprendí –siempre ten preparada una
excusa creíble en caso de que suceda lo peor.
Los animales explotados “piden” ser fotografiados
y una vez yo sorprendí a mis compañeros
haciendo fotos en una zona en la que estaba prohibido.
Yo fui descubierto empleando una cámara y, aunque
pensé que pasaría lo peor, finalmente
nada sucedió.
Saliendo
con vida
No me he desensibilizado o renegado de mis sentimientos.
De todos modos, he aprendido a dejar mis emociones de
lado temporalmente para poder hacer bien el trabajo.
No hace falta ninguna capacidad especial, tan sólo
un mecanismo de supervivencia que se activa inconscientemente.
Después, después del trabajo, en casa,
dejaba que me invadiesen todas las emociones.
No puedo decir que en todo momento pude lidiar con mi
enfado y mi tristeza sin problemas. Durante una gran
parte del tiempo que he trabajado de forma oculta, mi
amado amigo canino, Paisey, era mi única fuente
de apoyo. No podría haber seguido adelante sin
su constante amor y su capacidad de distraerme. Y no
podría haber sobrevivido de mi experiencia en
el Centro de Primates sin el apoyo de mi compañera,
Leslie. Una cosa que frecuentemente me recordaba era
que yo podía decidir, pero que los animales no.
Era mi punto de apoyo, a quien le contaba todo, mi equipo
de investigación, y el hombro en el que lloraba.
Sacrificó todo durante esos dos interminables
años y de algún modo nuestro amor siguió
intacto.
En estos trabajos es necesaria una estrecha confidencia
y los investigadores están forzados a alejarse
del movimiento por la Liberación Animal del cual,
en otras situaciones, obtendrían apoyo. Tampoco
es bueno preocupar a los amigos contándoles este
tipo de secretos. Así que, contar con un muy
pequeño grupo, quizás con un único
individuo, es, quizás a lo que puede aspirar
un investigador para compartir sus profundamente difíciles
y descorazonadoras vivencias. Si estás planteándote
llevar a cabo este trabajo, elije cuidadosamente este
grupo o esta persona.
Seguramente jamás me recupere del todo de estas
experiencias. Pero no me arrepiento de nada de lo que
he hecho y posiblemente lo volveré a hacer en
el futuro. El sentimiento de satisfacción de
un activismo efectivo de sobra compensa el dolor vivido.
Creo que las investigaciones ocultas son una de las
herramientas más importantes que pueden emplear
los activistas por la Liberación Animal, y las
organizaciones que llevan a cabo las investigaciones
frecuentemente buscan a gente dispuesta. Si tienes ganas
quizás ha llegado el momento de que hagas caso
a eso que tanto nos gritan en las manifestaciones y
… “¡VÉ
A BUSCAR UN TRABAJO!”
|