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Bye-Bye Egg Industry!

Daniel Hedqvist nos cuenta cómo atacó una incubadora
[extradio de la revista Mundo Vegano nº 2]

Cuando se habla de acciones ilegales por la liberación animal a la gente le viene a la cabeza la imagen de gente con pasamontañas. Lo cierto es que, si bien la mayoría de las actividades ilegales son realizadas por el Animal Liberation Front, no siempre es así. Son varios los grupos de otros países que, por distintos motivos, han decidido actuar abiertamente, desmarcándose así de las estrategias del A.L.F., pero no por ello han decidido respetar las leyes que perpetúan la masacre, tortura y explotación animal.

Aquí recogemos un documento que Daniel Hedqvist escribió desde la prisión. Como siempre, nuestro objetivo no es defender estas actividades, ni mucho menos decir a los lectores lo que deben hacer, sino mostrar actividades variadas e innovadoras que puedan inspirar a otros activistas.

El anochecer del 27 al 28 de Abril del 2003 nosotros tres –Hanna, Johan y yo- arrancamos nuestro coche con las herramientas y condujimos hacia el campo sueco en una fría noche. Estábamos muy nerviosos, a pesar de que lo habíamos preparado todo meticulosamente. Dentro del coche teníamos linternas, mazos, alicates, llaves inglesas, guantes, gafas de protección y otras herramientas que pensábamos emplear contra el sistema de incubación de la corporación Gimranas. Gimranas es la mayor compañía sueca de incubación para criar pollos que al crecer se convertirán en gallinas ponedoras. Entre el 80 % y el 90 % de estos pollos nacen en esta corporación, lo cual significa cinco millones de gallinas ponedoras. (Como indican sus propios datos, los gallos no significa nada para ellos, no ponen huevos y por ello no les son útiles para la industria. Pero lo cierto es que por cada gallina que sale de su cascarón, un gallo sale.)

Esto significa que un solo edificio, de dimensiones no muy grandes, cría unos diez millones de pollitos cada año para servir al mercado sueco. La mitad de ellos, los gallos, no tienen valor alguno y son arrojados vivos a una sangrienta trituradora, unas dos horas después de haber salido del cascarón. Los otros cinco millones de pollitos se distribuyen por las granjas de huevos que hay por todo el país para ser confinadas o bien en diminutas jaulas metálicas o en enormes naves, hacinadas junto a decenas de miles de gallinas más. Al igual que es horrible la vida de los pollitos macho (“gallos”), uno se pregunta ¿qué vida es peor en este caso: pasar una mísera vida enjaulado y explotado, o una, en comparación, corta muerte?

Creímos que habíamos encontrado una manera de no tener que elegir entre estas dos alternativas: cerrar por completo la planta de Gimranas, el mayor tiempo posible. Si hubiésemos logrado cerrarla durante una semana o incluso un mes los daños y las pérdidas de toda la industria sueca de huevos hubiese sido inmensa.

Hanna y yo nos dirigimos a uno de los edificios, Y Johan fue solo a otro. Entramos al edificio con relativa facilidad, pero tal y como esperábamos, tenía un sistema de alarma. Desde el momento en que rompimos la ventana para entrar supimos que la cuenta atrás había comenzado. Así que nos metimos lo más rápido posible en la planta, buscando las incubadoras. Habíamos acordado con anterioridad que no causaríamos daños en nada excepto en estas máquinas, ya que era probable que hubiese gallinas vivas en el edificio, preparadas para ser enviadas a una granja de huevos. Si rompíamos algo equivocado, como el sistema de ventilación o de calefacción, morirían de una forma muy dolorosa.

Finalmente encontramos las máquinas –grandes cámaras de acero con tuberías y sistema de ventilación- y comenzamos a ponerlas fuera de funcionamiento. Hanna y yo llevábamos unos 20 minutos trabajando y nos dirigíamos a la puerta por la que entraba el personal. Pretendíamos dejar una tarta que habíamos preparado para los trabajadores, como un gesto de nuestra parte que mostrase que era la industria y al sistema a lo que nos oponíamos –no a la gente que ahí trabajaba. Cuando estábamos en la puerta apareció un hombre y nos preguntó qué hacíamos ahí. Inmediatamente nos detuvimos y tiramos nuestros mazos. Para mí y para Hanna nuestra acción había terminado. Esperamos junto al hombre (el hijo del propietario de Gimranas) a la policía. Entonces nos llevaron a Alingsas, y permanecimos ahí arrestados. Entonces desconocíamos lo que le había sucedido a Johan. Más tarde nos enteramos de que en ningún momento fue detenido o interrumpido el trabajo que estaba realizando en el edificio. Se marchó a su casa en Gotemburgo cuando terminó, dos horas después de empezar, e incluso tuvo tiempo de escribir un pequeño reportaje sobre la acción y enviarla por Internet antes de ser arrestado por policías vestidos de paisano.

Setenta y dos horas después salimos todos de la cárcel y pudimos leer lo que se había escrito sobre nuestra acción. No había sido una noticia muy destacada por los media, excepto por los periódicos locales. A pesar de que no habíamos logrado nuestro objetivo de lograr cerrar la planta durante al menos una semana, al menos habíamos logrado que no naciesen 55.000 pollitos a un mundo de dolor y abuso. La industria de los huevos sueca, por primera vez, se había encontrado con un enfrentamiento real, y los tres nos sentíamos satisfechos de lo que habíamos hecho.

Nuestra acción también se basaba en que nos dábamos cuenta de la forma en que las distintas formas de opresión y de explotación están relacionadas y se mantienen las unas con las otras. La altamente mecanizada industria de explotación animal está sustentada por el sistema capitalista. Para conseguir mayores beneficios los indefensos animales son los que tienen que pagarlos con su sangre. La capacidad de cambiar la sociedad, incluido el trato que esta tiene de los animales, ya no está en manos de los ciudadanos, sino en la tiranía de las múltiples corporaciones. Los departamentos gubernamentales han mostrado una y otra vez sus deseos de justificar y mantener la opresión. La liberación animal no llegará hasta que no se produzca un cambio de raíz en la sociedad y el poder vuelva a tenerlo la gente.

La organización a la que pertenecemos y en nombre de la cual realizamos la acción no comparte las ideas anteriormente mostradas, pero nuestro grupo en particular, Goodbye Egg Industry (Adiós a la Industria de Huevos), si. Raddningstjansten, la mayor red de personas bajo la cual se firmo nuestra acción, pretende estar libre de opresión eternamente. Esto significa igualdad entre hombre y mujeres y una actitud anti-sexista.

El continuar la opresión, devaluación y trató como si fuesen objetos as mujeres mientras intentamos liberar a los animales de esas mismas injusticias es completamente inaceptable y muestra una peligrosa ignorancia sobre el modo en el que el especísmo y el patriarcado están interrelacionados. El difundir pósters pseudo pornográficos de mujeres desnudas para llamar la atención sobre los animales (N de T: se refiere aquí, creemos, a las múltiples campañas realizadas por PETA con modelos desnudas), es como usar a esclavos negros con el mismo fin. Uno no puede luchar contra un tipo de opresión reforzando otras.

Esta era la catorceava acción realizada en nombre de la organización por los derechos de los animales Raddningstjansten (“Servicio de Liberación”). Raddningstjansten emplea métodos no violentos, desobediencia civil abierta. La mayoría de las otras acciones realizadas por la organización han sido liberar gallinas y otros animales. Otra ha sido el ataque a un matadero.

Daddningstjansten no cuenta con un alto número de miembros; no es una organización masiva. Uno puede formar parte de ella tras haber participado en al menos una acción, con el fin de fomentar las acciones y evitar que haya infiltrados. La característica más definitoria de Raddningstjansten es que todas las acciones se realizan de forma abierta. Firmamos cartas con nuestros nombres y damos información sobre cómo contactar con nosotros. Esto lo hacemos particularmente porque nos permite participar en posteriores debates sobre los derechos de los animales que siempre surgen como consecuencia de nuestras acciones. Gracias a esto podemos responder a entrevistas, aparecer en la radio y en la televisión, y hablar abiertamente con la gente interesada que nos encontramos en la calle.

El mensaje sobre el sufrimiento y el abuso de animales se difunde mucho más cuando se trabaja de este modo. Además, para la mayoría de la gente de Suecia está mucho mejor visto el dar la cara por tus acciones y tus palabras que intentar no ser atrapado. Los media muy frecuentemente crean la imagen de terroristas con pasamontañas muy peligrosos que se disponen a destruir la sociedad, y la persona que así caracterizada es alguien cuyos argumentos difícilmente serán escuchados por nadie. Para evitar ser marginados así, nosotros ofrecemos otra imagen de los activistas por los derechos de los animales que intervienen físicamente en beneficio de los animales. Esa imagen es la nuestra, la de gente totalmente normal.

En mi opinión, actuar abiertamente se debe a razones tácticas. No es un requisito imprescindible para mí, pero lo encuentro inteligente en muchos sentidos. Trabajar abiertamente en Suecia es algo no tan arriesgado, ya que muchos casos se olvidan antes de que se produzca la sentencia. Y las sentencias de aquí son mucho menores de lo que serían en EE.UU., por ejemplo. La sentencia que estoy cumpliendo actualmente de diez meses es la mayor que nunca se ha dado en Suecia a un activista por los derechos de los animales. En el caso de que corriese el riesgo de enfrentarme a muchos años de cárcel, seguramente no hubiese hecho esto abiertamente.

La peor consecuencia de la acción a nivel personal es la deuda que, probablemente tendremos por el resto de nuestra vida. La multa es de unos 65.000 dólares por persona, una suma que jamás pagaremos, incluso si pudiésemos (que no es el caso). Pagar la multa sería como pedir disculpas y tratar de impulsar lo que hemos tratado de detener.

La vida en una cárcel sueca no es algo tan duro. Estoy en una cárcel de mínima seguridad, y el ambiente es relativamente relajado. Tengo mucho tiempo libre, el cual empleo para leer, hacer ejercicio y escribir a la gente. La comida es vegana, y no es mala del todo. He recibido cartas de gente que quería mostrarme su apoyo, ¡lo cual me anima mucho, por supuesto! Ojalá mis actividades hayan cambiado las ideas y comportamientos de algunas personas, ¡preferentemente de muchas personas!

 

 
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