Una liberación caótica
Extraído del nº 9
de la revista Sombras
y Cizallas, a su vez traducido del ALF-SG invierno
2003
El encuentro por la liberación Animal que tuvo
lugar en Holanda en 2003 se planeó como un fin
de semana de acciones en lugar de palabras. Nadie esperaba
que la acción empezase tan pronto y de forma
tan espectacular como ocurrió. El primer día
después de una animada manifestación en
la que varias personas se encadenaron en las puertas
de Yamanouchi, unas 200 activistas de todas partes del
mundo visitaron una granja de pieles en Putten. La acción
que se realizó fue espontánea, sin haberse
planeado nada, y completamente efectiva!.
Conforme los activistas se acercaban a la granja, el
grupo se dividió en dos. La mitad se dirigió
hacia la casa del granjero y la otra mitad corrió
hasta los visones. Los activistas frente a la casa del
granjero cogieron piedras y rompieron varias ventanas
en la primera oleada. El granjero que estaba en el jardín
atendiendo a sus invitados, pensó que era una
buena idea correr hacia los activistas con una cámara,
y como era de esperar, se la destrozaron y el granjero
tuvo que huir en retirada cuando vio venir una oleada
de piedras hacia él. La puerta principal de granja
fue destruida, se le rompieron las ventanas restantes
y los activistas sabotearon los coches que había
aparcados.
Mientras tanto, el resto de los manifestantes estaban
derrumbando la frágil pared que rodeaba las naves
con los visones. Cuando la pared ya estaba derruida,
una docena de activistas entró en las naves y
empezó a abrir las jaulas. En cada jaula había
cuatro visones encerrados y varios cientos fueron liberados.
La imagen de los visones saliendo de las jaulas y escapando
del lugar fue preciosa. En un momento dado casi todos
los activistas decidieron que había llegado el
momento de irse, pero dos personas se quedaron un cuarto
de hora más, tiempo suficiente para liberar todos
los visones que había en la granja.
Cuando todo el mundo estaba volviendo hasta los vehículos
uno de los amigos del granjero se puso a intentar atropellar
a los activistas con su tractor. Se detuvo momentáneamente
cuando un ladrillo atravesó una de sus ventanas,
pero pronto volvió su ataque de locura. Cuando
casi todos los activistas habían abandonado el
lugar, el conductor paranoico estrelló el tractor
contra el único autobús que quedaba, por
lo que no pudo salir del lugar. Las 48 personas que
había dentro del autobús fueron arrestadas
y la policía confiscó el vehículo.
Los activistas fueron maniatados y puestos contra la
pared. Después de varias horas interrogaron a
cada uno de los activistas, les hicieron fotos y les
tomaron huellas dactilares. Los activistas denunciaron
que la policía había actuado cruelmente
al ver frustrados sus inútiles intentos de obtener
información. A pesar de las peticiones no se
permitió a nadie hablar con un representante
y algunos no hablaron con uno durante más de
dos días. Llevaron a los activistas a comisarías
y cárceles de toda Holanda y se les metió
en celdas en las que pasaron los cuatro próximos
días.
Durante este periodo de tiempo los interrogatorios continuaron
y a algunos presos no se les proporcionó comida
vegana por lo que tuvieron que estar cuatro días
sin comer. La policía estaba convencida de que
habían detenido a todos los activistas del ALF
de Europa! Les dijeron a los manifestantes que estarían
encarcelados indefinidamente y se les incitó
a delatar a otros compañeros. A pesar de todo
ello, casi todos los activistas fueron puestos en libertad
bajo fianza hasta el juicio, que sería un mes
más tarde. En el juicio solo una persona fue
declarada culpable, pero ya había cumplido el
tiempo que debía estar en prisión. Los
47 restantes fueron declarados inocentes y se les indemnizó
a pesar de que el gobierno holandés pedía
condenas ejemplarizantes. También querían
que el ALF fuese clasificado dentro del listado de organizaciones
terroristas.
Esta acción fue muy inspiradora.
No pudo haber sido planificada ya que su belleza residía
en la espontaneidad. La forma en que la gente actuó
fue una clara muestra de su carácter. La mayoría
de los presentes demostraron que estaban dispuestos
a arriesgar su vida y su libertad para defender a nuestras
hermanas y hermanos del pueblo animal.