COMO FUE HECHA LA ACCIÓN...
Gratificante
y Sencillo [el rescate mas facil de la historia]
¿Que hizo sonreír a Fatty?
... cuando dos británicos
se introdujeron en 10 laboratorios en Japón,
volvieron un año mas tarde a liberarle
En julio del 2001 yo y un amigó fuimos a Japón
para investigar laboratorios de animales y hacer un
reportaje de la situación de los animales allí.
Cumplimos ampliamente nuestras expectativas, hicimos
un extenso reportaje de un total de 10 laboratorios,
hospitales y universidades en Osaka y Tokio.
Uno de los peores lugares en los que he estado fue
la universidad de Juntendo en Tokio. Allí encontramos
perros, cabras, ratas y ratones siendo sometidos a horrorificos
experimentos. Algunos de los perros estaban escuálidos,
en sucias jaulas en situadas en la azotea del edificio.
En el lado opuesto de las jaulas estaban los edificios
del laboratorio. Dentro de ellos la situación
era mucho peor, aquí era donde se llevaban acabo
los experimentos. Grabamos dos habitaciones, cada una
de ellas consistía en dos hileras de jaulas a
lo largo de cada pared de la habitación, había
un perro en cada una de ellas. Esto era como una imagen
del infierno. Algunos de los perros eran perras beagle
para criar, los demás eran claramente perros
perdidos, cojidos de la calle, cosa muy habitual en
Japón. Varios habían sido sometidos recientemente
a operaciones cerebrales; pudimos ver por donde habían
sido cosidas sus cabezas, dejando electrodos sobresaliendo
de las mismas. Un perro tenia colgando de su boca un
objeto similar.
Todos ellos trataban desesperadamente de salir de las
jaulas y la mayoría temblaban de miedo.
Volvimos a Japón en abril del 2002, para tomar
parte en una protesta contra una conferencia farmacéutica
en Tokio. Mientras estábamos allí decidimos
volver a hacer una visita a la universidad de Juntendo,
para comprobar si las condiciones todavía eran
las mismas. Nada había cambiado y la visita nos
dejo tan trastornados como la primera vez que estuvimos.Sin
embargo nos sorprendió especialmente encontrarnos
con que uno de los perros que habíamos visto
el año anterior todavía estaba allí.
Seguía viviendo en la oscuridad, mojada, en la
misma jaula de la azotea de la universidad, todavía
temblorosa y miedosa, encadenada en una esquina, restos
de comida en el suelo mojado, junto con los orines y
las defecaciones
Había estado viviendo en esas lastimosas condiciones
al menos desde el año pasado y probablemente
había sido sometido a horrorificos experimentos.
En ese mismo instante sentimos que debíamos hacer
algo. Nos los queríamos llevar a todos, pero
por lo menos teníamos que liberar a este.
Esta visita y las investigaciones del año anterior
solamente fueron posibles debido al bajo nivel de seguridad,
comparable al que había en los laboratorios del
Reino Unido en a principio de los años 80. Algunos
lugares fueron objetivos muy fáciles, otros no
tanto, solo algunos fueron impenetrables.
Juntendo presentaba algún problema, podíamos
entrar y salir de la universidad con facilidad y sin
llamar demasiado la atención. Cuando fui arrestado
y encarcelado el siguiente año por este ‘robo’
y por otras investigaciones que había realizado
me di cuenta de lo afortunado que fui en aquella ocasión.
Ahora se como se toman de en serio, las autoridades
japonesas, estos supuestos crímenes. Era un ultraje,
se sentían verdaderamente amenazados por el hecho
de que habíamos revelado sus secretos.
Para liberar al perro que ahora llamamos Fatty sabíamos
que necesitábamos ayuda. El llegar hasta el no
iba a ser problema, era la huida y los cuidados con
lo que íbamos a necesitar ayuda.
Después de mucho meditarlo decidimos proponérselo
a dos japoneses que habían estado con nosotros
en las protestas contra las farmacéuticas. No
esperábamos que accedieran, casi no nos conocían
y probablemente no habían hecho algo así
antes. Accedieron sin pensárselo, nos dijeron
que si estábamos decididos a rescatar al perro
entonces ayudarían en lo que pudiesen. Una valiente
decisión ahora que se algo mas sobre el sistema
judicial japonés y su cultura.
Sentados en el suelo de su pequeño local de
Liberación Animal trazamos un plan de acción.
Tras horas de debate, en un precario ingles, nos pusimos
de acuerdo.
Fuimos hasta la universidad en su coche, paramos en
el camino para comprar un collar, una correa y una bolsa
grande. Después de una hora aparcamos el coche
en el aparcamiento de la sección del hospital
del complejo universitario.
Vestidos con ropa discreta recorrimos de nuevo el camino
que habíamos hecho ya varias veces; dentro del
edificio por un camino que unía el hospital y
la universidad llegamos al ascensor el cual cogimos
hasta el quinto piso, accedimos a la azotea inferior,
subimos dos pisos por una escalera hasta la segunda
azotea, nos introdujimos por una extraña puerta
que parecía no tener ninguna función,
llegando donde estaban los animales.
Eran sobre la 1 del mediodía, un calor asfixiante
en un soleado día. El lugar había mucho
movimiento de doctores y estudiantes, pero con confianza
y ropa elegante lo puedes conseguir.
Fatty vivía en una hilera de de viejas y sucias
jaulas situadas a la derecha de la azotea. Entramos
allí y la liberamos de su cadena. No podía
ladrar porque le habían operado las cuerdas vocales,
pero según le pusimos el collar y la correa y
le sacamos de la jaula inmediatamente empezó
a mover el rabo. Disfrutaba de su primer momento de
libertad y solamente quería oler e investigar,
pero quizás no fuera el mejor momento!
Estábamos sudando, en la azotea, rodeados de
rascacielos, en ese momento parecía que alguien
iba a aparecer y descubrirnos. De repente Fatty nos
siguió hasta una parte mas aislada, donde pudimos
agacharnos y, desafortunadamente para ella, meterla
en la bolsa.
Una vez hecho este volvimos por donde habíamos
venido, a través de las azoteas, hasta el ascensor.
La bolsa pesaba mucho y estábamos empapados en
sudor. Imagina el horror cuando las puertas del ascensor
se abrieron y aparecieron tres hombres con batas blancas
de laboratorio. Sonreímos y ellos educadamente
esperaron a que saliéramos del ascensor, la cortesía
japonesa nunca fue mas oportuna!
Unos pocos minutos después estábamos en
el coche, Fatty estaba fuera de la bolsa y sacaba la
cabeza por la ventanilla, le encantaba el aire fresco
acariciando su cara.Juro que estaba sonriendo.
Nos despedimos de ella al menos por aquella noche, se
quedaba con unos veterianarios para que la miraran,
al dia siguiente nuestros amigos la llevarian a un pequeño
centro de rescate que conocian.
El siguiente día seria nuestro último
día en Japón. Estábamos felices
por Fatty, pero no completamente satisfechos. Mi amigo
decidió volver una vez más y ver lo que
podía liberar. Queríamos desesperadamente
rescatar a un cachorro de beagle que habíamos
visto en una sala del laboratorio. Desafortunadamente
la puerta del laboratorio estaba cerrada y volvió
sin el cachorro pero no con las manos vacías.
Uno de los edificios exteriores estaba abierto, donde
encontró y rescato a tres preciosos ratones marrones
y blancos.
A veces se hace duro pensar en los animales que vimos,
acariciamos y granamos, pero que no pudimos rescatar.
La única cosa buena es saber que Fatty esta todavía
viviendo su nueva vida en una preciosa casa, en los
pies de una montaña a cientos de kilómetros
de Tokio.
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